
Una parte del Nuevo Mundo esperaba la llegada del caballero inglés, ansiaba ser conquistada, seducida y dominada, aunque sea por una noche… Y ocurrió.
El pasado 3 de abril, en la zona arqueológica de Chichén Itzá, Sir Elton John dio vida al concierto de “La Noche del Sol”, un encuentro con parte de sus seguidores mexicanos largamente ansiado, anunciado y planeado. También, deseado.
La aparición de Elton John en el escenario colocado en la urbe prehispánica para su espectáculo fue sencilla y majestuosa a la vez. El Sir del Rock Pop se dejó ver a las 9:25 de la noche, pero 45 minutos antes, la Orquesta Sinfónica de Yucatán, dirigida por Juan Carlos Lomónaco, se ofreció a prepararle la noche con una interpretación de sus temas más emblemáticos.
La estrella apareció ante el público concentrado en Yucatán con una sonrisa abierta, franca, abriendo los brazos, tocándose el corazón. Saludó a las casi 8,000 personas que ya lo admiraban pero muchos no lo conocían frente a frente, de viva voz.
Luciendo lentes rojos, traje negro, camisa verde y un arete de corazón, lo que significó como un guiño de que a pesar de tener más de 60 años, él es quien es y ha sido: original y fiel seguidor de su estilo, el cual afirman que raya en lo estrambótico.
Sir Elton arrancó aplausos y gritos de admiración en una audiencia conformada por varias generaciones y que, a diferencia de otros conciertos, organizados o no por el Gobierno del Estado, se mostró respetuosa con el artista, consigo misma y los responsables del evento. Parece que anoche, nadie deseaba fallar.
Sir Elton abrió la noche con “Funeral for a Friend”, “Love lies Bleeding” y “Saturday”, melodía que lo llevó a abandonar su acostumbrado asiento detrás del piano para mostrar alguno de sus pasos de baile.
El músico estaba contento, lo demostró y lo dijo: “Buenas noches, hermoso, hermoso lugar. Nunca pensé actuar en Chichén Itzá pero aquí estoy…”.
Siempre se vio de buen humor, a gusto, cada vez que interactuaba con la gente mirada de reojo la Pirámide Kukulcán, que anoche lucía una belleza especial por la iluminación.
La conquista del caballero británico siguió con melodías como “Tiny dancer”, que dedicó a todas las mujeres presentes, “Goodbye yellow brick road”, “Daniel”, “Rocket Man”, “Don’t let the sun go down on me”, “Candle in the wind”, “Sorry”, “Sorry seem to be the hardest word”, “The circle of life” y “Sacrifice”, entre otras.
Se podía ver en los rostros de más de uno la satisfacción de ser regalados con el privilegio de escuchar en vivo canciones que ya forman parte de la historia de la música.
Durante más de dos horas, Elton John dio una clase de lo que significa ser una verdadera estrella. Sin necesidad de grandes efectos especiales, pantallas LED o luces multicolores, con sólo el poder de su voz —aunque en ocasiones sonara un poco forzada y gastada— talento innegable y una banda de grandes músicos —el guitarrista David Johnstone, el más ovacionado—. Fue un caballero inglés que con la espada de música conquistó un nuevo lugar que ansiaba ser conquistado
Fuente: Yucatan.com.mx
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